sábado 15 de octubre de 2011

HURACÁN JOVA, LA CRÓNICA DE EL DESASTRE

Fotos y texto
Por Gabriela Barajas Ceballos
TECOMÁN, COLIMA, MÉXICO

Días antes del 12 de octubre medios de comunicación locales y nacionales se encontraban advirtiendo de la fuerza e intensidad del huracán Jova. 
Autoridades municipales y estatales en coordinación con las diferentes dependencias —cruz roja, protección civil, bomberos, policia municipal, policia estatal, vialidad y planillas de colaboradores— se coordinaban para aplicar los planes necesarios en caso de ser requeridos. 
En la zona costera del municipio de Tecomán, los prestadores de servicios turísticos comenzaban a observar el cambio del mar, la fuerza y crecida del oleaje. 
Elementos del Ejercito Mexicano se coordinaban para brindar apoyo necesario. 
Jova estaba en boca de todos, niños, jóvenes, adultos, todos tenian su mirada puesta en la nubosidad del cielo, en las ráfagas de aire.

Martes 11 de octubre 11:00 PM

Durante el transcurso del día se había presentando lluvias ligeras, aire casi nulo, las autoridades municipales enviaban comunicados a través de los diferentes medios locales advirtiendo de la peligrosidad, los refugios temporales se habían dado a conocer, se podría decir que existia un cierto temor entre la población de Tecomán, se podia escuchar salir de la boca de algunas personas la tipica frase "aquí no nos pasa nada".. pero al final, si paso y mucho.

A alturas de las diez, once la noche el viento empezó a bufar, la lluvia se veia caer cada vez más fuerte, los apagones de luz se comenzaron a presentar, la lluvia no cesaba, las horas transcurrían y Jova caia con toda su fuerza sobre un pueblo vulnerable.

Miércoles 12 de octubre 8:00 AM

Tecomán despertaba con otra cara. Jova había golpeado severamente al estado de Colima y Jalisco y otros lugares más siendo un fenomeno categoria II. Durante su trayecto a tocar tierra había disminuido su potencia considerablemente.

Los más pobres, los más afectados. La ayuda es necesaria, se necesitan más personas que colaboren y sirvan a los más vulnerables, los albergues provisionales resguardan a familias enteras desoladas, devastadas por el daño que el huracán dejo a sus hogares. La televisión, la radio, los medios de comunicación nacionales tienen la mirada hacia acá. La gente clama ayuda, los grupos de ayuda se movilizan para auxiliar a los atrapados, a los que no pueden salir, a los inundados, a los que se quedaron sin nada.
No hace falta que autoridades lo digan, ni que los medios lo digan, Tecomán está dañado. Hay daño en infraestructura urbana, daño social, daño urbano y esta vez la virgen –La Peregrina– no calmo las aguas recias de la naturaleza, o tal vez si las calmo, las bajo a categoria II.

Dicen que el periodista no debe ser el protagonista, pero de aquí en adelante tengo que contar lo que vivi. No debería, pero quiero hacerlo.
La mañana del 12 de octubre desde muy temprano me enlace a la radio, aun mis ojos no se percataban de lo que minutos después me dejara con mi primera experiencia en cobertura a un hecho de riesgo.
Y tal vez no debería de estarme arriesgando, pero, que vale más, la necesidad de resguardar mi vida en un lugar seguro, o la necesidad de resguardar mi vida y vivir y ver y oler y detallar y capturar en mi memoria e informar lo que sucede ahí, en el lugar de los hechos. Elegí la segunda, claro está.

Tal vez no debería de estar trepandome en un vehículo rodeada de elementos del ejercito mexicano, rodeada de armas y resguardada por unas dos docenas soldados, tal vez los soldados deberían de estar recibiendo alguna capacitación, tal vez las personas que se encuentran incomunicadas deberían de estar labrando el campo, dandole de comer a sus animales, abriendo sus negocios, sacando dinero del cajero, escuchando misa de 10 o entrando a la clase pesada de matemáticas.

La escuela secundaria Justo Sierra no debería de funcionar como albergue provisional. Pero ahí está funcionando. Hay más de 200 personas resguardadas, hay personal del ayuntamiento, hay elementos del ejercito, hay necesidad de viveres, de ropa, de pañales, de ayuda.
Las camionetas de los militares llegaban con alimentos, los niños comían placidamente su sopa, su pan, su vaso de leche y sonreían.
Los radios sonaban. —Se necesita ayuda en Caleras hay gente mayor de edad que esta atrapada— están al tope de agua, la población esta incomunicada, hay corrientes de agua donde no deberían de estar, el agua se llevo la vivienda, hay gente en el techo, rios desbordados, canales al limite, arroyos que nunca han tenido agua se desbordan de ella, carreteras colapsadas, hay desolación y muerte.

Las comunicaciones no funcionan. Los servicios de electricidad, de agua potable están en el caño. Hay medios locales, estatales, regionales, nacionales e internacionales queriendo informar, lo que estaban previendo informar, gracias a Dios existe los sistemas que identifican el momento en que nos caerá el tinaco de agua, lamentablemente no hay sistema que nos diga como nos va a fregar.

Fregar. Esa es la palabra, estamos fregados, ahogados y es lo mismo a donde quiera que nos dirigimos, ahogados en agua, inundados, fregados, quien iba a pensar que se aplicaria el PLAN DN III E, o que Protección Civil anduviera en friega o que el personal de las diferentes estancias institucionales en vez de estar tapados en su cama, resguardandose con su familia, compartiendo la radio de pilas y el cafe con pan,  estuvieran despiertos toda la madrugada esperando el momento en que Jova se dignara  en decir adios.

Bastaron solo unas cuantas horas de lluvia para que por los rios, canales, arroyos y drenes de Tecomán se vieran pasar refrigeradores, estufas, vacas, pollos y gallinas, cocos y una silla muy bonita color blanco, solo una noche basto para que el agua reblandeciera las carreteras, los puentes y para darnos cuenta que ante los embates de  la naturaleza no somos casi nada. La raza humana resulta ser tan ególatra que solo así, con este tipo de acontecimientos podemos ver la pequeñez que somos ante el inmenso universo.

Respeto. En el camino se observa la gente curiosa, niños que juegan en el agua y la toman como alberca, gente que lo perdio todo y que camina entre el agua arriba de la cintura.
Se observa la impotencia de un hijo por no haber podido hacer nada por salvar la vida de quien le dio la vida. Lagrimas, tristeza, desilusión, resignación —hoy por lo menos la tenemos aquí, malo sería si no la hubiéramos encontrado como muchos otros que desaparecen— dice.

He aquí unas fotografías de muestra de la pequeñez que somos la raza humana ante la señora madre naturaleza.


























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